Capítulo 3: La oscuridad
La vida de Karen no mejoró mucho en los días siguientes, tanto en la escuela como en la casa los ataques se repitieron, para Sofía esto no era fácil, su hija estaba sufriendo mucho. Con toda su alma desearía arrancar ese martirio de su lado pero simplemente se ve impotente, pues no tiene idea de que más hacer. Confía en que la terapeuta pueda avanzar más que ella y lograr que vuelva a ser la misma de siempre.
Pero otra persona que tenía que soportar esta carga era Iris, estar con Karen para ella era muy duro pues no sabía cuando entraría en pánico, no podía dejarla sola, no debía dejarla sola y día a día eso la agotaba. Además, cada vez menos gente se acercaba a ellas, los rumores sobre lo que le pasaba a Karen crecían cada vez más, que si estaba poseída, que si estaba loca, que solo quería llamar la atención, pero también comenzó a circular la historia de un asesinato, aquellas voces que sonaron cuando el martirio comenzó y se habían callado a falta de evidencias, están resurgiendo de entre las miradas de sus compañeros, haciéndose más grandes que la última vez. Ya sabían que su padre había muerto, pero no sabían porqué, y ahora no la tachaban solo de loca, sino de asesina.
Iris luchaba por mantener todo esto lejos de los oídos de su amiga, luchaba por hacerla feliz, pero el precio era alto. Cuando Karen no iba a la escuela, Iris se quedaba sola, nadie se le acercaba, después de todo es la amiga de la “asesina loca” y quizás pensaban que ella también era una asesina. El rostro de Iris luchaba cada día por mantenerse sonriente ante su amiga, pero cada vez es más difícil cuando día a día vive preocupada de sí será capaz de ayudarla, si podrá cargar con el peso de su dolor, porque así es como se siente ella.
Karen e Iris están en el salón haciendo tarea, Karen nota como todos sus compañeros las miran fijamente y comienzan a murmurar. Ella no sabe que ocurre, e Iris nota que esta se ha percatado de la situación a su alrededor.
-¿Qué pasa Karen?-
-¿Por qué nos miran tanto?-
-Tranquila, no, no pasa nada, ya sabes cómo son todos, siempre chismeando-
-Pero, me están viendo a mí, esto, lo recuerdo de antes, ya ha sucedido-
-Karen déjalo ya ¿por qué no dejamos esto y vamos a comer?-
Karen está confundida, pero decide mejor hacer lo que le dijo su amiga, y dejan todo para salir a la cafetería, pero en el camino las miradas todavía acechan, más Karen trata de no darle importancia y sigue su camino. Platica con Iris pero de pronto se paraliza.
-¿Karen?- Iris reconoce esa mirada –Karen, responde-
Toma por los hombros a Karen intentando hacerla reaccionar, pero ella solo puede mirar al frente, a un salón donde en una ventana ve a su padre sonreírle y saludarle.
-Está ahí- Dice
-¿Quién Karen? ¿De quién hablas?-
-¡De mi papá! ¡Esta ahí!-
Iris voltea pero no ve nada, solo la ventana.
-Karen ahí no hay nadie, por favor cálmate-
Karen se desespera porque Iris no lo ve y bruscamente la toma por la cabeza obligándola a voltear hacía la ventana.
-¡Míralo! ¡Ahí está!-
-¡Basta Karen me lastimas!- Iris lucha por liberarse pero Karen no se detiene tratando de que ella lo vea hasta que Iris se libera.
-¿Lo viste?-
-¡No! No hay nada ahí ¡Nada!-
Karen comienza a llorar abruptamente y se arroja a los brazos de Iris quien se nota bastante alterada también por el altercado. Todos los alumnos que presenciaron el espectáculo se las quedan viendo murmurando sobre lo acontecido, Iris lo sabe y esta vez sus ojos están al borde del llanto, pero tiene que aguantarse porque hay alguien que en ella busca consuelo.
En la enfermería, la asesora de Karen acude para ver su condición, encontrando a Iris en la sala de espera.
-Iris ¿Qué sucedió? ¿Tuvo otro ataqué?-
-Sí, está adentro, descansando-
-Bueno, no tienes de que preocuparte, yo me quedaré a cuidarla. Puedes regresar a clases-
-No voy a irme-
-Iris, sé que ella te preocupa mucho pero no tienes porque quedarte, tienes clases y debes atenderlas-
-No me iré hasta que la vea ¡Necesito hablar con ella!- Insiste
La profesora se impresiona al ver su reacción.
-Eso puede esperar…-
-¡No! ¡No puede! ¡Tengo que hablar con ella!-
Algo le sucede a Iris que se ve bastante afectada.
-Iris ¿Qué ocurre?-
-Ya no puedo, ya no puedo más- Comienza a llorar y se arroja a los brazos de sus profesora –¡No puedo más! No aguanto todo esto-
-Iris, tranquila. No tienes que sentirte así. Sé que es tu amiga, pero no tienes que sostener su carga-
-Pero lo hago, y no puedo más, yo también tengo mis problemas, mi madre va a casarse con otro, y tengo dos hermanastros menores a los que les presta más atención además está embarazada y estoy desapareciendo cada vez más. No es justo que cuando quiero hablar con alguien no puedo porque nadie quiere acercarse a mí, y con quien puedo estar solo debo escuchar y escuchar y aguantarme todo, ya no soporto esto ¡No es justo!-
Iris a soportado mucho, poniendo primero las necesidades de su amiga a las suyas, pero ha llegado un punto es que el asunto se ha vuelto demasiado grande para ella.
En la puerta que da a la enfermería alguien está de pie, Karen ha oído todo lo que Iris ha dicho y las lágrimas en sus ojos solo muestran el dolor que siente al saber cuánto daño le ha hecho a su mejor amiga. Más tarde ella está sentada todavía sollozando, su asesora entra a la habitación para ver a Karen.
-¿Cómo estás?- Karen no responde y solo se le ve triste -¿Necesitas algo Karen? ¿Quieres hablar?-
-Ella me odia- Responde Karen sorpresivamente
-¿Quién te odia?-
-Iris, ella me odia, no quiere estar conmigo, solo le hago daño, la lastimo a ella, a mamá, las estoy matando igual que lo hice con mi papá-
-Karen eso no es cierto, lo que está sucediendo es que estás en un proceso de superación, y tardará en sanar, pero lo hará-
-¿Y mientras todos van a odiarme?-
-Claro que no, nadie te odia-
Karen la mira fijamente sin poder creer esas palabras.
-Quiero ir a casa, por favor, solo quiero irme-
La profesora entiende que Karen necesita de su familia así que la lleva a su casa. Iris desde la ventana del salón ve como Karen se aleja, y aunque siente un gran dolor porque siente que la está abandonando, da vuelta a la mirada.
En casa, Karen se encierra en su cuarto a llorar, su madre quiere hablar con ella, pero Karen no quiere decir nada ahora, solo llora en la soledad.
-¿Qué le pasó a Karen?- Pregunta Beatriz
-La profesora me llamo, dijo que tuvo otro ataque, pero ese no es el problema. Iris, su amiga, también está afectada y exploto, aunque no se lo dijo directamente, Karen escucho cuando ella decía que ya no quería estar más con ella porque le hacía daño. Karen confiaba mucho en ella y ahora se siente sola-
-Pobrecita ¿Y por qué no estás con ella?-
-Me pidió que la dejara sola, que cuando esté lista saldrá-
-Deberíamos llamar a la terapeuta-
-Ya lo hice, mañana la llevaré, hoy Karen necesita calmarse, ya mañana veremos qué pasa- Sofía mira a Beatriz con sentimiento –Gracias Betty, y lamento que tengas que cargar con esto. No solo con lo emocional, sino con lo económico, es la segunda vez que me despiden porque Karen necesita de mí, y tú tienes que cargar con eso-
-Ya basta Sofía, no pienses en eso. Ustedes son mi familia, y no importa el costo, yo voy ayudarlas a salir adelante-
Sofía y Beatriz se abrazan con cariño por el apoyo que se dan como hermanas, pero eso no quita que dejen de preocuparse por Karen, pero por ahora, solo pueden esperar.
Karen está sentada en la ventana, mirando al cielo nocturno, todavía derramando algunas lágrimas. Mira a un espejo que está en su habitación donde se ve reflejada, pero el reflejo, no solo la muestra a ella, alguien la acompaña, Armando, su padre, está a su lado, pero esta vez no tiene miedo, la tristeza que siente es tan grande que el miedo ya no cabe.
Armando acaricia la cabeza de su hija mostrando siempre una sonrisa.
-¿Qué te ocurre mi pequeña?- Le dice a Karen
-Solo estoy lastimando a los otros, solo soy una carga- Le responde mientras las manos de ambos se acercan y entrelazan
-Es el precio por el pecado que cometiste. Pero no te preocupes, yo ya te perdone, y ya no tienes porque sufrir- Se acerca a su oído y le habla suavemente –Yo sé como terminar con el sufrimiento que sientes y que provocas, y sé que también tú lo sabes-
Tomando su mano la voltea a la parte de la palma y le muestra su muñeca.
-Cada gota expulsará el dolor y los recuerdos dolorosos y es así como vendrás a mi lado, donde todo será como antes y solo encontrarás sonrisas-
Karen mira fijamente el reflejo en el espejo de ella y su padre, comienza a recordar a ese hombre sonriendo, tan dulce, tan amable, comprensivo, recuerda esas manos que acariciaban con tanto amor su cabeza, y esas miradas tan cálidas que le hacían creer que el mundo era perfecto, ese mundo que ahora está tan lejano de ella y ansía tener de vuelta.
-Vamos pequeña, ya es hora de que regreses a casa conmigo-
Karen mira el reflejo de su padre en el espejo y sonríe.
-Sí, papá-
...CONTINUARÁ
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La vida de Karen no mejoró mucho en los días siguientes, tanto en la escuela como en la casa los ataques se repitieron, para Sofía esto no era fácil, su hija estaba sufriendo mucho. Con toda su alma desearía arrancar ese martirio de su lado pero simplemente se ve impotente, pues no tiene idea de que más hacer. Confía en que la terapeuta pueda avanzar más que ella y lograr que vuelva a ser la misma de siempre.
Pero otra persona que tenía que soportar esta carga era Iris, estar con Karen para ella era muy duro pues no sabía cuando entraría en pánico, no podía dejarla sola, no debía dejarla sola y día a día eso la agotaba. Además, cada vez menos gente se acercaba a ellas, los rumores sobre lo que le pasaba a Karen crecían cada vez más, que si estaba poseída, que si estaba loca, que solo quería llamar la atención, pero también comenzó a circular la historia de un asesinato, aquellas voces que sonaron cuando el martirio comenzó y se habían callado a falta de evidencias, están resurgiendo de entre las miradas de sus compañeros, haciéndose más grandes que la última vez. Ya sabían que su padre había muerto, pero no sabían porqué, y ahora no la tachaban solo de loca, sino de asesina.
Iris luchaba por mantener todo esto lejos de los oídos de su amiga, luchaba por hacerla feliz, pero el precio era alto. Cuando Karen no iba a la escuela, Iris se quedaba sola, nadie se le acercaba, después de todo es la amiga de la “asesina loca” y quizás pensaban que ella también era una asesina. El rostro de Iris luchaba cada día por mantenerse sonriente ante su amiga, pero cada vez es más difícil cuando día a día vive preocupada de sí será capaz de ayudarla, si podrá cargar con el peso de su dolor, porque así es como se siente ella.
Karen e Iris están en el salón haciendo tarea, Karen nota como todos sus compañeros las miran fijamente y comienzan a murmurar. Ella no sabe que ocurre, e Iris nota que esta se ha percatado de la situación a su alrededor.
-¿Qué pasa Karen?-
-¿Por qué nos miran tanto?-
-Tranquila, no, no pasa nada, ya sabes cómo son todos, siempre chismeando-
-Pero, me están viendo a mí, esto, lo recuerdo de antes, ya ha sucedido-
-Karen déjalo ya ¿por qué no dejamos esto y vamos a comer?-
Karen está confundida, pero decide mejor hacer lo que le dijo su amiga, y dejan todo para salir a la cafetería, pero en el camino las miradas todavía acechan, más Karen trata de no darle importancia y sigue su camino. Platica con Iris pero de pronto se paraliza.
-¿Karen?- Iris reconoce esa mirada –Karen, responde-
Toma por los hombros a Karen intentando hacerla reaccionar, pero ella solo puede mirar al frente, a un salón donde en una ventana ve a su padre sonreírle y saludarle.
-Está ahí- Dice
-¿Quién Karen? ¿De quién hablas?-
-¡De mi papá! ¡Esta ahí!-
Iris voltea pero no ve nada, solo la ventana.
-Karen ahí no hay nadie, por favor cálmate-
Karen se desespera porque Iris no lo ve y bruscamente la toma por la cabeza obligándola a voltear hacía la ventana.
-¡Míralo! ¡Ahí está!-
-¡Basta Karen me lastimas!- Iris lucha por liberarse pero Karen no se detiene tratando de que ella lo vea hasta que Iris se libera.
-¿Lo viste?-
-¡No! No hay nada ahí ¡Nada!-
Karen comienza a llorar abruptamente y se arroja a los brazos de Iris quien se nota bastante alterada también por el altercado. Todos los alumnos que presenciaron el espectáculo se las quedan viendo murmurando sobre lo acontecido, Iris lo sabe y esta vez sus ojos están al borde del llanto, pero tiene que aguantarse porque hay alguien que en ella busca consuelo.
En la enfermería, la asesora de Karen acude para ver su condición, encontrando a Iris en la sala de espera.
-Iris ¿Qué sucedió? ¿Tuvo otro ataqué?-
-Sí, está adentro, descansando-
-Bueno, no tienes de que preocuparte, yo me quedaré a cuidarla. Puedes regresar a clases-
-No voy a irme-
-Iris, sé que ella te preocupa mucho pero no tienes porque quedarte, tienes clases y debes atenderlas-
-No me iré hasta que la vea ¡Necesito hablar con ella!- Insiste
La profesora se impresiona al ver su reacción.
-Eso puede esperar…-
-¡No! ¡No puede! ¡Tengo que hablar con ella!-
Algo le sucede a Iris que se ve bastante afectada.
-Iris ¿Qué ocurre?-
-Ya no puedo, ya no puedo más- Comienza a llorar y se arroja a los brazos de sus profesora –¡No puedo más! No aguanto todo esto-
-Iris, tranquila. No tienes que sentirte así. Sé que es tu amiga, pero no tienes que sostener su carga-
-Pero lo hago, y no puedo más, yo también tengo mis problemas, mi madre va a casarse con otro, y tengo dos hermanastros menores a los que les presta más atención además está embarazada y estoy desapareciendo cada vez más. No es justo que cuando quiero hablar con alguien no puedo porque nadie quiere acercarse a mí, y con quien puedo estar solo debo escuchar y escuchar y aguantarme todo, ya no soporto esto ¡No es justo!-
Iris a soportado mucho, poniendo primero las necesidades de su amiga a las suyas, pero ha llegado un punto es que el asunto se ha vuelto demasiado grande para ella.
En la puerta que da a la enfermería alguien está de pie, Karen ha oído todo lo que Iris ha dicho y las lágrimas en sus ojos solo muestran el dolor que siente al saber cuánto daño le ha hecho a su mejor amiga. Más tarde ella está sentada todavía sollozando, su asesora entra a la habitación para ver a Karen.
-¿Cómo estás?- Karen no responde y solo se le ve triste -¿Necesitas algo Karen? ¿Quieres hablar?-
-Ella me odia- Responde Karen sorpresivamente
-¿Quién te odia?-
-Iris, ella me odia, no quiere estar conmigo, solo le hago daño, la lastimo a ella, a mamá, las estoy matando igual que lo hice con mi papá-
-Karen eso no es cierto, lo que está sucediendo es que estás en un proceso de superación, y tardará en sanar, pero lo hará-
-¿Y mientras todos van a odiarme?-
-Claro que no, nadie te odia-
Karen la mira fijamente sin poder creer esas palabras.
-Quiero ir a casa, por favor, solo quiero irme-
La profesora entiende que Karen necesita de su familia así que la lleva a su casa. Iris desde la ventana del salón ve como Karen se aleja, y aunque siente un gran dolor porque siente que la está abandonando, da vuelta a la mirada.
En casa, Karen se encierra en su cuarto a llorar, su madre quiere hablar con ella, pero Karen no quiere decir nada ahora, solo llora en la soledad.
-¿Qué le pasó a Karen?- Pregunta Beatriz
-La profesora me llamo, dijo que tuvo otro ataque, pero ese no es el problema. Iris, su amiga, también está afectada y exploto, aunque no se lo dijo directamente, Karen escucho cuando ella decía que ya no quería estar más con ella porque le hacía daño. Karen confiaba mucho en ella y ahora se siente sola-
-Pobrecita ¿Y por qué no estás con ella?-
-Me pidió que la dejara sola, que cuando esté lista saldrá-
-Deberíamos llamar a la terapeuta-
-Ya lo hice, mañana la llevaré, hoy Karen necesita calmarse, ya mañana veremos qué pasa- Sofía mira a Beatriz con sentimiento –Gracias Betty, y lamento que tengas que cargar con esto. No solo con lo emocional, sino con lo económico, es la segunda vez que me despiden porque Karen necesita de mí, y tú tienes que cargar con eso-
-Ya basta Sofía, no pienses en eso. Ustedes son mi familia, y no importa el costo, yo voy ayudarlas a salir adelante-
Sofía y Beatriz se abrazan con cariño por el apoyo que se dan como hermanas, pero eso no quita que dejen de preocuparse por Karen, pero por ahora, solo pueden esperar.
Karen está sentada en la ventana, mirando al cielo nocturno, todavía derramando algunas lágrimas. Mira a un espejo que está en su habitación donde se ve reflejada, pero el reflejo, no solo la muestra a ella, alguien la acompaña, Armando, su padre, está a su lado, pero esta vez no tiene miedo, la tristeza que siente es tan grande que el miedo ya no cabe.
Armando acaricia la cabeza de su hija mostrando siempre una sonrisa.
-¿Qué te ocurre mi pequeña?- Le dice a Karen
-Solo estoy lastimando a los otros, solo soy una carga- Le responde mientras las manos de ambos se acercan y entrelazan
-Es el precio por el pecado que cometiste. Pero no te preocupes, yo ya te perdone, y ya no tienes porque sufrir- Se acerca a su oído y le habla suavemente –Yo sé como terminar con el sufrimiento que sientes y que provocas, y sé que también tú lo sabes-
Tomando su mano la voltea a la parte de la palma y le muestra su muñeca.
-Cada gota expulsará el dolor y los recuerdos dolorosos y es así como vendrás a mi lado, donde todo será como antes y solo encontrarás sonrisas-
Karen mira fijamente el reflejo en el espejo de ella y su padre, comienza a recordar a ese hombre sonriendo, tan dulce, tan amable, comprensivo, recuerda esas manos que acariciaban con tanto amor su cabeza, y esas miradas tan cálidas que le hacían creer que el mundo era perfecto, ese mundo que ahora está tan lejano de ella y ansía tener de vuelta.
-Vamos pequeña, ya es hora de que regreses a casa conmigo-
Karen mira el reflejo de su padre en el espejo y sonríe.
-Sí, papá-
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