Siendo ya de noche Karen duerme plácidamente mostrándose totalmente diferente a muchas noches en que su mente no la dejaba tranquila. Por su parte Armando, ayuda con los quehaceres de la casa lavando los trastes de la cena, entonces llega Sofía para hablar con él.
-Te pido disculpas, por lo que sucedió esta tarde. Beatriz se extralimito, voy a hablar con ella y…-
Armando interrumpe sin dejarla terminar.
-No quiero que vuelvas a verla- Sofía se sorprende al escuchar estas palabras ya que Armando nunca le había negado relacionarse con su familia –No la volverás a ver jamás-
-Pero Armando…-
-¡Ya lo dije!- Dice con un todo de dictador para retomar su papel de esposo sonriente -Y más te vale que me hagas caso-
-Ella es mi única familia Armando, no me alejes de ella- Dice molesta
-Tú familia soy yo y Karen, esa mujer ya no es nada para ti- Dice Armando con una sonrisa maliciosa
-Por favor Armando, no puedes hacerme esto- Dice ella totalmente destrozada.
-¿Qué no puedo?- Se acerca bruscamente a ella y la toma por el cabello y la acorrala –Yo puedo hacer lo que quiera contigo, eres mi esposa, y yo soy tu dueño-
-Armando por favor, no me lastimes-
-Quizás eso es lo que te hace falta, recordar quién manda aquí- … y aún mantiene la sonrisa.
Mientras Karen permanece feliz en el mundo de los sueños, en sus cerrados ojos se nota la tranquilidad de un alma en paz, hasta que un fuerte ruido de vidrios y un grito ensordecedor proveniente de la cocina la despierta de golpe, turbando aquella paz que tanto le costó conseguir. En sus ojos el miedo se hace presente, sujeta fuertemente las sabanas por el miedo, se resguarda en ellas, mientras su cuerpo empieza a temblar, mientras su mirada se dirige a la puerta, preguntándose qué debería hacer ¿Salir? O ¿Quedarse?
Otro grito se escucha, un gemido de dolor proveniente de los labios de su madre. Ese sonido la impulsa a moverse a la puerta y al momento de tocar la perilla se detiene, su respiración se acelera y lagrimas comienzan a salir de sus ojos ‘¿Qué debo hacer?’ Se pregunta. Sabe lo qué está pasando allá afuera, aunque desea con toda el alma estar equivocada, pero si sale y ve aquella imagen nuevamente no sabe si tendrá la fuerza para soportarlo.
Con todo el valor que su alma puede entregarle lentamente sale de su cuarto y se dirige a la cocina temblando totalmente aterra para ver como su padre golpea a su madre, en ese momento las palabras de su tía se hacen presentes, piensa por primera vez en la posibilidad de que su madre pueda morir a manos de su padre, y con miedo de que eso se haga realidad grita “Papá” mientras llora.
-¿Qué haces aquí?- Dice Armando, más molesto que sorprendido por la presencia de Karen.
-Papi, no lastimes a mamá por favor-
-Tengo todo el derecho de hacer con ella lo que quiera, es mi esposa-
Sofía esta herida, y aunque el dolor es incesante solo piensa en su hija
-Karen, vete por favor, no pasa nada-
-¿Y si la matas?- Dice Karen llorando fuertemente
Armando se va acercando a su hija con una mirada sonriendo de una forma como ella nunca ha visto, temible y despiadado, Sofía sabe lo que está a punto de suceder y trata de detenerlo pero este la aleja con una patada.
-Si quiero matarla, la mato, como si quiero matarte lo hago. Ustedes… ¡Me pertenecen!-
Golpea fuertemente a Karen rompiéndole la boca, quien cae al suelo y al ver lo que su padre ha hecho pierde toda reacción quedando en shock.
Armando quiere retomar los golpes a la niña, pero Sofía, usando todas las fuerzas que le quedan se levanta y trata de detenerlo.
-¡Por favor Armando basta! Estoy segura que ella ya entendió, las dos entendimos. Por favor, ya para. No la lastimes-
Armando se detiene y su rostro lleno de ira, cambia a uno sereno, más tranquilo.
Armando se acerca Karen y la mira fijamente mientras le sonríe como siempre.
-Espero que realmente lo hayas entendido, o tendremos más episodios como este y no creas que me agrada mucho la idea, después de todo, yo te amo- Pero ella no muestra ninguna reacción, solo lo mira fijamente mientras él se aleja -Ve a dormir hija, ya es tarde- Le dice
Armando se aleja, dejando a la niña todavía impactada y su madre, es quien la abraza, tratando de hacerla reaccionar, pero esta no dice nada, no llora, no habla, nada y su madre se preocupa. Varios minutos después Karen finalmente reacciona -¿Mamá?- Le habla con temblorosa voz
Karen comienza a llorar y se aferra a los brazos de su madre, quien la consuela con todo el amor que puede.
Aquel sueño, esa pesadilla que estuvo rondando en su mente por varios días, que ha ocurrido muchas veces y siempre ha tratado de negar, creyendo que nunca se volvería a repetir, regresó, pero de una manera aún más aterradora.
El día siguiente es sábado. Karen está sola en la casa, todavía asustada, temerosa, a cada momento pasa su mano por su boca recordando el dolor que el día anterior sufría, queriendo creer que fue un sueño pero solo confirmando que es real. Mientras, sus padres han ido al hospital; para Armando ir al hospital podría ser una sentencia, llevar a su esposa herida no es algo muy inteligente, aunque siempre dice que ella es muy torpe y que a cada rato se cae o lastima por un extraño motivo, tantas veces seguidas ya no debería ser fácil creerle, más Armando ha pasado años creando una reputación intachable aunado a su presencia encantadora, para muchos es muy difícil llevarle la contraria a pesar de las claras evidencias.
La perilla de la puerta se mueve, por ella entran Armando y su esposa regresando del médico. Al ver a su padre Karen no puede moverse, con ver las heridas de su madre se da cuenta de lo que su padre puede llegar a hacerle. Pasa su mano por la herida en su boca y está a punto de llorar, pero se traga el llanto. Armando lleva delicadamente a su esposa a un sillón, quien a pesar de que puede moverse pese a las heridas está delicada. Armando le ofrece a su esposa traerle un vaso de agua y este se aleja no sin antes mirar a su hija con ese gesto de pánico disimulado, él solo le sonríe y no hace nada más.
Hasta que él se va Karen se arma de valor para ir a lado de su madre. Ella la abraza y le da un beso en la frente, Karen solo se acoge al cariño y amor su madre, quien la mira fijamente al rostro y la herida que ha provocado su padre, sintiéndose destrozada por dicha imagen.
Los días pasan entre la incertidumbre y el miedo para ellas. Cuando llega el lunes y Karen regresa a la escuela, Iris se asusta al ver la herida que Karen tiene en el labio. Armando había sugerido a la niña quedarse en casa si no se sentía bien, pero para ella estar en ese lugar es un martirio porque solo la hace recordar el dolor que alguien a quien tanto ama le llegó a provocar.
-¿Qué te paso?- Pregunta Iris
-Nada, me caí de las escaleras y me golpee muy fuerte- Responde Karen hablando difícilmente pues le duele mover los labios. Y aun sabiendo que dicha historia es una mentira decide sostenerla a petición de su madre, para que su padre no se moleste con ella y no le vaya a hacer algo peor, aunque en parte, es por ella por quien lo dice, quizás así se haga real y lo otro sea la mentira.
Estas dos mujeres viven en el miedo de un hombre que se hace llamar su dueño, pero para él, esto no tiene nada malo, y esta actitud de tirano se hace irreal cuando alguien lo ve. Su encantadora personalidad hace impensable que sea capaz de semejantes acciones a su esposa e hija, solo basta una de sus sonrisas y la imagen de buen esposo y padre queda tallada sobre piedra.
Incluso en su trabajo es considerado como un ejemplo de ciudadano, muchos lo admiran, otros lo envidian, pero nadie cuestiona la idea de su perfección. Uno de sus compañeros de trabajo llamado Xavier llega a la oficina de Armando.
-Oye Armando ¿Vas a ir a la cena de la compañía?-
-No lo sé, prefiero llegar a cenar a casa-
-Parece que tu esposa te tiene bien sujeto- Dice Xavier queriendo bromear a lo que Armando responde con una sonrisa
-No en realidad- Dice –Ella sabe quién es el que manda y ese soy yo-
-Eso… suena algo machista- Armando ríe y Xavier también -¿Entonces?-
-Creo que por un rato, le llamaré para avisarle que llegaré más tarde-
Para Armando esa respuesta no es un chiste, es lo que realmente piensa, y esos pensamientos están llenando de temor a Sofía, quien los últimas días ha tenido muy presente las palabras de su hermana “…no esperes a que sea tarde”. El altercado sucedido hace unos días fue la primera llamada de alerta y Sofía no está dispuesta a esperar que vuelva a suceder, ella ha soportado por años los maltratos físicos y psicológicos de su esposo por la idea de que a pesar de todo era un excelente padre y jamás tocaría a su hija, pero ya no más, solo una vez basta para entender que Karen también sufrirá el destino del maltrato si permanecen ahí.
Sofía ha tomado una decisión, toma el teléfono y llama a su hermana quien recibe esta llamada de forma sorpresiva ya que pensaba que no le volvería a hablar o al menos tardaría bastante tiempo.
-Betty, tenías razón-
-¿Le hizo algo a Karen?-
-Te lo explicaré todo más adelante, por ahora quiero saber si podrías recibirme-
-Por supuesto, te dije que te apoyaría-
-Gracias Beatriz, y perdóname, realmente estaba ciega-
-Ya deja eso ¿Cuándo vendrán?- ¬
-Armando me dijo que volverá tarde hoy, prepararé las maletas y nos iremos esta tarde-
-Si quieres pasó por ustedes-
-Gracias, nos vemos a las 5-
Ha llegado el momento, es hora de liberarse de esta prisión.
...CONTINUARÁ
-Te pido disculpas, por lo que sucedió esta tarde. Beatriz se extralimito, voy a hablar con ella y…-
Armando interrumpe sin dejarla terminar.
-No quiero que vuelvas a verla- Sofía se sorprende al escuchar estas palabras ya que Armando nunca le había negado relacionarse con su familia –No la volverás a ver jamás-
-Pero Armando…-
-¡Ya lo dije!- Dice con un todo de dictador para retomar su papel de esposo sonriente -Y más te vale que me hagas caso-
-Ella es mi única familia Armando, no me alejes de ella- Dice molesta
-Tú familia soy yo y Karen, esa mujer ya no es nada para ti- Dice Armando con una sonrisa maliciosa
-Por favor Armando, no puedes hacerme esto- Dice ella totalmente destrozada.
-¿Qué no puedo?- Se acerca bruscamente a ella y la toma por el cabello y la acorrala –Yo puedo hacer lo que quiera contigo, eres mi esposa, y yo soy tu dueño-
-Armando por favor, no me lastimes-
-Quizás eso es lo que te hace falta, recordar quién manda aquí- … y aún mantiene la sonrisa.
Mientras Karen permanece feliz en el mundo de los sueños, en sus cerrados ojos se nota la tranquilidad de un alma en paz, hasta que un fuerte ruido de vidrios y un grito ensordecedor proveniente de la cocina la despierta de golpe, turbando aquella paz que tanto le costó conseguir. En sus ojos el miedo se hace presente, sujeta fuertemente las sabanas por el miedo, se resguarda en ellas, mientras su cuerpo empieza a temblar, mientras su mirada se dirige a la puerta, preguntándose qué debería hacer ¿Salir? O ¿Quedarse?
Otro grito se escucha, un gemido de dolor proveniente de los labios de su madre. Ese sonido la impulsa a moverse a la puerta y al momento de tocar la perilla se detiene, su respiración se acelera y lagrimas comienzan a salir de sus ojos ‘¿Qué debo hacer?’ Se pregunta. Sabe lo qué está pasando allá afuera, aunque desea con toda el alma estar equivocada, pero si sale y ve aquella imagen nuevamente no sabe si tendrá la fuerza para soportarlo.
Con todo el valor que su alma puede entregarle lentamente sale de su cuarto y se dirige a la cocina temblando totalmente aterra para ver como su padre golpea a su madre, en ese momento las palabras de su tía se hacen presentes, piensa por primera vez en la posibilidad de que su madre pueda morir a manos de su padre, y con miedo de que eso se haga realidad grita “Papá” mientras llora.
-¿Qué haces aquí?- Dice Armando, más molesto que sorprendido por la presencia de Karen.
-Papi, no lastimes a mamá por favor-
-Tengo todo el derecho de hacer con ella lo que quiera, es mi esposa-
Sofía esta herida, y aunque el dolor es incesante solo piensa en su hija
-Karen, vete por favor, no pasa nada-
-¿Y si la matas?- Dice Karen llorando fuertemente
Armando se va acercando a su hija con una mirada sonriendo de una forma como ella nunca ha visto, temible y despiadado, Sofía sabe lo que está a punto de suceder y trata de detenerlo pero este la aleja con una patada.
-Si quiero matarla, la mato, como si quiero matarte lo hago. Ustedes… ¡Me pertenecen!-
Golpea fuertemente a Karen rompiéndole la boca, quien cae al suelo y al ver lo que su padre ha hecho pierde toda reacción quedando en shock.
Armando quiere retomar los golpes a la niña, pero Sofía, usando todas las fuerzas que le quedan se levanta y trata de detenerlo.
-¡Por favor Armando basta! Estoy segura que ella ya entendió, las dos entendimos. Por favor, ya para. No la lastimes-
Armando se detiene y su rostro lleno de ira, cambia a uno sereno, más tranquilo.
Armando se acerca Karen y la mira fijamente mientras le sonríe como siempre.
-Espero que realmente lo hayas entendido, o tendremos más episodios como este y no creas que me agrada mucho la idea, después de todo, yo te amo- Pero ella no muestra ninguna reacción, solo lo mira fijamente mientras él se aleja -Ve a dormir hija, ya es tarde- Le dice
Armando se aleja, dejando a la niña todavía impactada y su madre, es quien la abraza, tratando de hacerla reaccionar, pero esta no dice nada, no llora, no habla, nada y su madre se preocupa. Varios minutos después Karen finalmente reacciona -¿Mamá?- Le habla con temblorosa voz
Karen comienza a llorar y se aferra a los brazos de su madre, quien la consuela con todo el amor que puede.
Aquel sueño, esa pesadilla que estuvo rondando en su mente por varios días, que ha ocurrido muchas veces y siempre ha tratado de negar, creyendo que nunca se volvería a repetir, regresó, pero de una manera aún más aterradora.
El día siguiente es sábado. Karen está sola en la casa, todavía asustada, temerosa, a cada momento pasa su mano por su boca recordando el dolor que el día anterior sufría, queriendo creer que fue un sueño pero solo confirmando que es real. Mientras, sus padres han ido al hospital; para Armando ir al hospital podría ser una sentencia, llevar a su esposa herida no es algo muy inteligente, aunque siempre dice que ella es muy torpe y que a cada rato se cae o lastima por un extraño motivo, tantas veces seguidas ya no debería ser fácil creerle, más Armando ha pasado años creando una reputación intachable aunado a su presencia encantadora, para muchos es muy difícil llevarle la contraria a pesar de las claras evidencias.
La perilla de la puerta se mueve, por ella entran Armando y su esposa regresando del médico. Al ver a su padre Karen no puede moverse, con ver las heridas de su madre se da cuenta de lo que su padre puede llegar a hacerle. Pasa su mano por la herida en su boca y está a punto de llorar, pero se traga el llanto. Armando lleva delicadamente a su esposa a un sillón, quien a pesar de que puede moverse pese a las heridas está delicada. Armando le ofrece a su esposa traerle un vaso de agua y este se aleja no sin antes mirar a su hija con ese gesto de pánico disimulado, él solo le sonríe y no hace nada más.
Hasta que él se va Karen se arma de valor para ir a lado de su madre. Ella la abraza y le da un beso en la frente, Karen solo se acoge al cariño y amor su madre, quien la mira fijamente al rostro y la herida que ha provocado su padre, sintiéndose destrozada por dicha imagen.
Los días pasan entre la incertidumbre y el miedo para ellas. Cuando llega el lunes y Karen regresa a la escuela, Iris se asusta al ver la herida que Karen tiene en el labio. Armando había sugerido a la niña quedarse en casa si no se sentía bien, pero para ella estar en ese lugar es un martirio porque solo la hace recordar el dolor que alguien a quien tanto ama le llegó a provocar.
-¿Qué te paso?- Pregunta Iris
-Nada, me caí de las escaleras y me golpee muy fuerte- Responde Karen hablando difícilmente pues le duele mover los labios. Y aun sabiendo que dicha historia es una mentira decide sostenerla a petición de su madre, para que su padre no se moleste con ella y no le vaya a hacer algo peor, aunque en parte, es por ella por quien lo dice, quizás así se haga real y lo otro sea la mentira.
Estas dos mujeres viven en el miedo de un hombre que se hace llamar su dueño, pero para él, esto no tiene nada malo, y esta actitud de tirano se hace irreal cuando alguien lo ve. Su encantadora personalidad hace impensable que sea capaz de semejantes acciones a su esposa e hija, solo basta una de sus sonrisas y la imagen de buen esposo y padre queda tallada sobre piedra.
Incluso en su trabajo es considerado como un ejemplo de ciudadano, muchos lo admiran, otros lo envidian, pero nadie cuestiona la idea de su perfección. Uno de sus compañeros de trabajo llamado Xavier llega a la oficina de Armando.
-Oye Armando ¿Vas a ir a la cena de la compañía?-
-No lo sé, prefiero llegar a cenar a casa-
-Parece que tu esposa te tiene bien sujeto- Dice Xavier queriendo bromear a lo que Armando responde con una sonrisa
-No en realidad- Dice –Ella sabe quién es el que manda y ese soy yo-
-Eso… suena algo machista- Armando ríe y Xavier también -¿Entonces?-
-Creo que por un rato, le llamaré para avisarle que llegaré más tarde-
Para Armando esa respuesta no es un chiste, es lo que realmente piensa, y esos pensamientos están llenando de temor a Sofía, quien los últimas días ha tenido muy presente las palabras de su hermana “…no esperes a que sea tarde”. El altercado sucedido hace unos días fue la primera llamada de alerta y Sofía no está dispuesta a esperar que vuelva a suceder, ella ha soportado por años los maltratos físicos y psicológicos de su esposo por la idea de que a pesar de todo era un excelente padre y jamás tocaría a su hija, pero ya no más, solo una vez basta para entender que Karen también sufrirá el destino del maltrato si permanecen ahí.
Sofía ha tomado una decisión, toma el teléfono y llama a su hermana quien recibe esta llamada de forma sorpresiva ya que pensaba que no le volvería a hablar o al menos tardaría bastante tiempo.
-Betty, tenías razón-
-¿Le hizo algo a Karen?-
-Te lo explicaré todo más adelante, por ahora quiero saber si podrías recibirme-
-Por supuesto, te dije que te apoyaría-
-Gracias Beatriz, y perdóname, realmente estaba ciega-
-Ya deja eso ¿Cuándo vendrán?- ¬
-Armando me dijo que volverá tarde hoy, prepararé las maletas y nos iremos esta tarde-
-Si quieres pasó por ustedes-
-Gracias, nos vemos a las 5-
Ha llegado el momento, es hora de liberarse de esta prisión.
...CONTINUARÁ











Leave a comment